San Lorenzo fué uno al que pusieron en una parrilla al fuego, pá algo. Creo que eran malos los que alli lo pusieron, pero el no echo cuentas aunque se murio de eso, porque cási no se enteró de nada. Un santo de la Iglesia, que se venera, por lo menos en mi casa, que teniamos una caja de lata, con su imagen pintada, donde guardábamos los aperos pá vestirnos de gitanas, nosotras que eramos castellanas y nadie lo sabía, excepto la policía, que no se lo creía y por eso nos dejaba tranquilas.  Así cada fería de la Virgen del Mar, cogíamos la caja esa de lata, y los vestidos, que eran chulisimos con volantes. Y lo mismo que san Lorenzo en la parrilla. Que el fuego lo subian, pá que fueran más fuertes las llamas y su muerte fuera sin suerte, ¡ macabra ¡

Ibamos a la feria, las tres hermanas.  Marí Carmen la mayor y Maria del Mar la menor y yo en medio de ellas, haciendo bulto, que siempre me ha gustado mucho ir de esa manera, porque me encontraba arropada y en total confianza con ellas. ¡ Claro ¡ direis , eran tus hermanas. ¡ Logico ¡ yo era trigueña, más clara, pero no importaba, el traje de lunares, lo disimulaba, las tres guapas, que pá eso, llevabamos peinao el pelo con un par de rosas rojas. Ese salero teníamos que nos gustaba el rojo, como a los toros. Y los tacones, pá que no nos hicieran rozaduras, les echabamos polvos de talco. y asi aguantabamos, que era mucho rato el que estábamos en la feria. bajo las estrellas, que lucian como nosotras bellas, y todo era armonia, porque llevabamos castañuelas y sabíamos tocarlas. Eran de pasta negra las postizas que llevabamos en las manos, nunca sin ellas. Mi madre se encargaba de eso, y de pintarnos un lunarillo, en la mejilla con un misto apagáo, que tizna y yá con el lunar, no nos faltaba ná. Las tres lo mismo, el mismo apellío, y la misma madre, por eso ande o no ande el burro siempre que séa grande. Nos montabamos en el tio vivo, y los caballos de colores donde nos subíamos, eran fijos, y no salian trotando, a pesar de haber pagáo y tener el tike, pá darselo al encargáo, el feriante que estaba ocupáo de recogerlos, no fuera nadie a subirse y pasearse, sin dinero.